lunes, 1 de noviembre de 2010

Adiccion a las pantallas



Ante el temor de saber que quiza Blogger no me deje publicar
se me han venido a la cabeza varios textos que queria compartir, pero por lo pronto voy a recurrir al Copy-Paste de un tema que publico en FaceBook un amigo Blogger el Peña, http://monosarteimagen.blogspot.com
el comparte esta columna de Leo Zuckerman, me toco fuerte! (No Leo ni el Peña eh!) sino el texto, me toco fuerte, porque me pongo a pensar que la verdad tengo una fuerte adiccion a la computadora, celular y television
es verdad, interrumpo comidas (no tanto como antes) porque he aprendido a ponerle en silecion al celular y dejar que la gente espere lo que tenga que esperar si estoy comiendo o en una cita, sin embargo reconozco que durante la noche, estoy viendo la tele, twitteando y dejo de hablar con mi madre por estar con esto, hasta me molestan las interrupciones.

En fin... me parecio interesante poder compartir.



Adicción a las pantallas

En esta era digital nos estamos volviendo cada vez más adictos a las pantallas como esos humanos obesos en la película Wall-E
Leo Zuckerman


Anécdota número uno: Un conocido me cuenta que su hijo tiene problemas sociales. Le cuesta mucho trabajo relacionarse con niños de su misma edad. El padre está preocupado. Me confiesa que la razón del problema es que su hijo "pasa mucho tiempo frente a la pantalla". Por "pantalla" se refiere a la televisión, la computadora, videojuegos portátiles y teléfono celular. Ahí se le va la vida. Pasa muchas horas frente a una pantalla u otra de tal suerte que ya no sabe cómo convivir de manera personal con otras personas. Quizá chatee de lo más lindo con alguien que está en Ulán Bator pero no puede platicar a gusto con su compañero de banca. El padre me dice que, para resolver este problema, ha comenzado a limitarle las horas que puede estar frente a una pantalla. Pero el niño, cuando se le termina su cuota diaria, no sabe qué hacer.

Anécdota número dos: Otro conocido me platica que, como experimento, le preguntó a su hija: "Si tuviera que quitarte tu televisión o tu Blackberry, ¿cuál escogerías?" Sin titubear la adolescente le contestó: "La tele". Simple y sencillamente no podía concebir su vida sin el teléfono inteligente. Por ahí pasa su mundo. A través de un aparatito que pesa cien gramos habla, escribe, chatea, textea, twittea y navega. La televisión, de hecho, ya le aburre. La sigue viendo pero, mientras lo hace, también está metida en mil y un asuntos en su Blackberry.

Anécdota número tres: De acuerdo a un artículo de la revista The New Yorker, en Estados Unidos ya no se puede dar una clase en la universidad a menos que esté acompañada de una presentación en power-point. Lo mismo cada vez sucede más en México. Si el expositor no trae sus ideas organizadas en el popular software de Microsoft, la audiencia se aburre. Es lógico: las nuevas generaciones, como nunca en la historia, necesitan de estímulos visuales para entender el mundo a su alrededor. Esta tendencia es tan potente que un profesor de filosofía, si no mal recuerdo de la Universidad de Stanford, perdió una materia porque no pudo adaptar los contenidos de su curso a una presentación con power-point. Daba clases a la "antigüita": hablando con un gis en la mano. Cada vez menos alumnos se inscribían a la materia al punto que la universidad la canceló. No por nada un experto citado en el artículo del New Yorker decía con gran ingenio: "Power corrupts and Power-Point corrupts absolutely", parafraseando el famoso dicho de Acton ("Power corrupts and absolute power corrupts absolutely)".

Anécdota número cuatro: El otro día estaba en el cine. Ciertamente la película no iba a ganar un Oscar pero estaba entretenida. En la fila de adelante había unos jóvenes muy inquietos quienes, en medio del filme, sacaron sus smartphones para chatear. La luz de sus pantallas y el sonido de las teclas nos molestaban. Cortésmente les pedí que apagaran sus celulares. "Si no estamos hablando", me contestó uno de ellos. "Sí pero sus teclitas y pantallitas no dejan concentrarnos en la película", les repliqué sintiéndome un viejo de 500 años.

Anécdota número cinco: Yo mismo me he convertido, cada vez más, en adicto a las pantallas. Lo reconozco. Antes leía en papel. Ahora lo hago crecientemente en aparatos electrónicos. Ya he terminado varios libros en mi Kindle. En mi iPad leo periódicos y revistas. Es una maravilla. No tengo que esperar, por ejemplo, que me lleguen un par de revistas que vienen del extranjero, siempre retrasadas, en su versión impresa. Ahora las bajo a mi tableta electrónica y las leo en el momento en que están saliendo. La resolución de estos aparatos es magnífica e incluso, si hay un comercial que me interesa, digamos de un libro que quiero leer, pico el anuncio y me lleva a un sitio de internet (amazon.com, por ejemplo) donde lo compro y descargo de inmediato.

Anécdota número seis: Un experto en redes sociales me cuenta que la lucha por conseguir seguidores en Twitter y/o amigos en Facebook es brutal. Hay gente obsesionada con incrementar, como sea, la gente con la que está relacionada. Para conseguir más fans en el Twitter, por ejemplo, se necesita ser un profesional: twittear mucho y de cosas interesantes. No sorprende, en este sentido, que haya muchas personas pegadas al Twitter todo el santo día. Sus pulgares ya tienen callos de tanto teclear. Su mente ya piensa en 140 caracteres. Se sienten muy populares porque miles de personas los siguen. Siempre andan presumiendo que ellos fueron los primeros en enterarse de acontecimientos que cinco minutos después salen en los medios tradicionales, como cuando un grupo de policías locos trataron de dar un golpe de Estado en Ecuador.

Anécdota número siete: Cada vez es más incómodo comer con gente importante. Lo primero que hacen al llegar al restaurante es sacar varios celulares y ponerlos en la mesa. Platican intermitentemente porque, durante la comida, toman llamadas, chatean, textean y envían correos electrónicos. Uno se pregunta, ¿para qué vienen a comer conmigo si lo que quieren es seguir trabajando? Como son gente importante, pues uno se recata. No puede reclamarles nada. No vaya a ser que en esa precisa hora la República sufra una crisis monumental, la empresa esté a punto de quebrar o los mercados financieros de colapsar. Es mejor que ellos resuelvan los problemas mundiales mientras uno disfruta de unos buenos callos de hacha.

No sé qué conclusión sacar al poner juntas estas anécdotas. Pero algo está pasando. En esta era digital nos estamos volviendo cada vez más adictos a las pantallas como esos humanos obesos en la película Wall-E. Pantallas como en la que estoy escribiendo ahora. Pantallas como en la que pronto me iré a matar zombis en cuanto envíe esta entrega.

3 comentarios:

ĭçoŋoçlast@.·´¯`·.¸ dijo...

Yo tengo una amiga así, se la pasaba chateando en su blackberry en medio de las reuniones, hasta que un día interrumpió momentáneamente su chat para armar una coperacha para que yo les hiciera el favor de ir por algo de cenar (ya que traía carro), a lo cual le contesté: ¿por qué no le pides que la traiga a la persona con la que has pasado conviviendo toda la noche?...supongo que no le gustó porque al rato abandonó la reunión y sin cena.

M a r u dijo...

Fijate vicky que todo es cierto, y la verdad incomodo. yo no me considero adicta a las pantallas, solo aki en el blogger, hice una cuenta de facebook pero la vdd ni he subido fotos ni nada de nada.
El punto es, que la vdd si resulta muy incomodo ver a la gente siempre con sus celulares en la mano, chateando, mensajeando o lo que sea, y que algun conocido tuyo no te preste la suficiente atencion o este interrumpiendo para estar checando sus mensajes o asi. La verdad es que como decia uno de los ejemplos que mencionas, si afecta a algunos jovenes sobre todo se hacen retraido y no pueden convivir asi en vivo y a todo color jeje.
Debemos de ser equilibrados pq si no, la tecnologia terminara por volvernos locos
saluditos

Martuchis dijo...

Yo odio eso de que estén en una comida o en alguna reunión con otra persona y el teléfono esté a suene y suene (eso me ocasionó una pelea muy fuerte con alguien muy importante para mi hace tiempo), pero creo que hay tiempos para todo (así seamos la persona más ocupada).

A mi también me dejó pensando mucho ese artículo que Peñaloza puso en Face.